La muerte del encantador de serpientes

Mientras Miloud agonizaba soltando espuma por la boca tras el ataque de una víbora, numerosos móviles captaron los últimos momentos del encantador.

El lunes una víbora mordió el labio a Miloud, un encantador de serpientes, que tardó seis minutos en morir

No es la única muerte reciente en el norte de Marruecos entre los hombres de la hermandad de los Aïssawas, los que les sacan el veneno a las serpientes

El trágico vídeo corre como la pólvora por las redes

El guardián del párking de la Corniche, el paseo marítimo de Río Martín, en la costa norte de Marruecos, cuenta que, cuando la víbora mordió a Miloud en el labio, el veneno tan solo tardó seis minutos en extenderse por todo su cuerpo y hacerle perder el conocimiento. Después empezó a soltar espuma por la boca. Los turistas que presenciaban un espectáculo más de este veterano encantador de serpientes fueron testigos de su muerte. Es el segundo marroquí que fallece este verano atacado por su serpiente. “Pocos minutos antes ponía a la víbora en los hombros de los niños para que se hicieran fotos”, recuerda el guardián.

Los hombres de la hermandad de los Aïssawas, una orden místico-religiosa a pie de las montañas del Atlas Medio, aseguran que tienen un poder mágico sobre las serpientes. Sus danzas y técnicas de hipnosis con las ondas emitidas por las vibraciones del pungi -instrumento de viento-, que trasmiten de padres a hijos, llevan al reptil a un trance para deleite de curiosos y de las cámaras de los turistas, siempre dispuestos a dejar unos dírhams a cambio de que sus hijos se hagan la típica foto con el encantador y su mascota. Una atracción turística más que el visitante se encuentra en el reino alauita.

Como cada verano, Miloud dejó la montaña para irse al mar acompañado de su séquito de tres músicos aprendices y cuatro víboras. Su cita anual con la costa del norte de Marruecos le prometía ganar el dinero suficiente para vivir humildemente el resto del año. Su parada fue la localidad de Río Martín, a 10 kilómetros de Tetuán. Por sus calles es famosa la historia del antiguo enterrador, Alhalami, que aparte de su lúgubre oficio tenía el hobby de criar serpientes y hacer espectáculos con ellas. Fue el primer encantador de la zona.

Durante el día era habitual ver a Miloud (49 años, de la ciudad de Fez), vestido con chilaba blanca, bailando por las calles de Río Martín al ritmo acompasado de la flauta y los tambores de colores, con una serpiente en cada mano, haciendo distintos juegos con cuchillos. Pero su suerte cambió el pasado lunes. Eran las cuatro de la tarde cuando el encantador y sus acompañantes desviaron su camino del paseo marítimo hasta las callejuelas que llevan al centro de la ciudad. Miloud se detuvo cerca del párking para dejar en el suelo la víbora que tenía colgada al cuello cuando ésta le mordió en el labio delante de los vecinos y turistas que pasaban por allí. Dicen que era una bufadora Bitis arietans, una venenosa víbora propia del sur de Marruecos. “Creíamos que las quitaban los colmillos para que si mordían no filtrase el veneno”, subraya uno de los testigos.

Cuando el veneno se extendió por el cuerpo del encantador y entró en contacto con su sistema nervioso, tuvo una parálisis respiratoria. La ambulancia no llegó a tiempo. Sí que lo hicieron los flashes de los móviles de los presentes, que captaron las espeluznantes imágenes de la muerte de Miloud. Las fotos pronto empezaron a circular por las redes sociales. Al igual que un vídeo minutos antes del ataque que un vecino grabó desde su casa. La noticia se hizo viral. El kioskero del barrio explica qué pasó después con las serpientes. “Con el caos que se formó, dos de ellas se escaparon. Al final las encontramos y quemamos en una hoguera que hicimos con carbón”, cuenta.

Esto sería un suceso aislado si no fuera porque a principios de julio, en la mítica plaza de Yamaa el Fna (Marrakech), el epicentro de trabajo de los mejores encantadores de serpientes del reino, otro hombre murió por el mordisco de su víbora mientras realizaba un espectáculo. En ese mismo lugar, donde hay una asociación de encantadores de serpientes con medio centenar de profesionales, en 2014 y en 2016, también fallecieron otros dos atacados por las cobras con las que los turistas se hacían fotos. Uno de ellos era Abdelati, de 70 años, que intentó extraer sin éxito el veneno con la boca. Jamal es un aïssawa (hijo de varias generaciones de encantadores de serpientes) que lleva 20 años mostrando su talento en la plaza de Marrakech. “Ha salido en los periódicos que han muerto dos hombres más hace unos meses por la zona de Meknes, que es de donde venimos la mayoría y donde cazamos a los reptiles. Siempre intentamos extraer el veneno, pero nunca se elimina por completo porque se va regenerando”.

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Si avanzo sigueme si me paro empujame si retrocedo matame.

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