A 72 años de las bombas atómicas sobre Japón, el mundo todavía se pregunta si fue necesario

La tragedia de Hiroshima inauguró la Era Atómica. Esas bombas no volvieron a usarse en guerras. Y la tecnología nuclear logró prodigiosos avances científicos e industriales

El ejército japonés tiene la más poderosa de las armas: el deseo de morir por su emperador“. Tankaro Suzuki, primer ministro, julio de 1945.

El hongo infernal sobre Hiroshima, visto desde el aire (EFE)

El hongo infernal sobre Hiroshima, visto desde el aire (EFE)

Las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki (6 y 9 de agosto del 45, 240 mil muertos en total) no sólo fueron el final de la Segunda Guerra Mundial: también el comienzo de la Era Atómica, la amenaza latente durante la Guerra Fría, y un dilema aún no resuelto: ¿fueron necesarias, o Japón se hubiera rendido antes de esa masacre?

Pero la construcción de la bomba y la decisión de arrojarla tuvieron un largo y brutal preludio…

El domingo 7 de diciembre de 1941, en dos oleadas, 353 aviones de la Armada Imperialjaponesa cayeron sobre la base naval de Pearl Harbor, Hawaii, mataron a 2.400 militares y 68 civiles, hundieron 9 barcos, averiaron seriamente 10, y destruyeron 188 aviones en tierra. El ataque, a traición, mientras dos diplomáticos japoneses esperaban en Washington una reunión en la que se negociaría un acuerdo de paz, fue condenado así por el presidente Franklin Delano Roosevelt: “Ayer, 7 de diciembre de 1941, una fecha que vivirá en la infamia, los Estados Unidos de América fueron atacados repentina y deliberadamente por las fuerzas aéreas y navales del Imperio de Japón“.

Y la respuesta fue puesta en marcha…

Un día después, Roosevelt autorizó el proyecto secreto Manhattan Engineering District, luego Proyecto Manhattan: la construcción de la primera bomba atómica de la historia.

Dos años antes, el 2 de agosto de 1939, Albert Einstein le había mandadouna carta clave: “Trabajos realizados por Enrico Fermi y Leo Szilard (…) me hacen suponer que el uranio puede convertirse en una nueva e importante fuente de energía (…) Este nuevo fenómeno podría conducir a la fabricación de bombas (…) extremadamente potentes“.

En realidad, Einstein, un pacifista militante, se negó tenazmente a enviar esa carta, pero varios de sus colegas científicos lo persuadieron con un argumento tan cierto como alarmante: la Alemania nazi proyectaba también “La bomba del fin del mundo“, como se la llamaba, y hasta Japón había dado pasos en el mismo sentido.

El retrato de Harry Truman, presidente norteamericano. El tomó la responsabilidad histórica de arrojar las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki y poner fin a la Segunda Guerra Mundial

El retrato de Harry Truman, presidente norteamericano. El tomó la responsabilidad histórica de arrojar las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki y poner fin a la Segunda Guerra Mundial

Se trataba de una carrera, y había que ganarla…

Estados Unidos estableció su laboratorio secreto en Los Álamos, Nuevo México, al mando del físico norteamericano Robert Oppenheimer, que se convirtió en una fortaleza ante el peligro de espionaje. Sólo Oppenheimer y algunos jefes militares podían entrar y salir de esa ciudadela en medio del desierto, rodeada de sospechas, recelo y desánimo ante los muchos fracasos de los ensayos.

La fisión nuclear -básicamente el choque de dos isótopos de uranio 235 que desataba una explosión jamás imaginada- fue esquiva hasta el 16 de julio de 1945. Ese día, cerca de Alamogordo, Nuevo México, la Prueba Trinity causó una explosión mucho mayor que la esperada: el equivalente a 20 mil toneladas de TNT.

Y con doble fortuna. Entre 1943 y 1944, los comandos de la resistencia contra la ocupación de Noruega por los nazis lograron destruir en dos etapas (Operación Gunneside) la producción de agua pesada –esencial para el proceso atómico– que el Tercer Reichdesarrolló en las montañas de la provincia de Telemark. Fin del último sueño de Hitler.

Roosevelt no llegó a ver el The End de la película: murió el 12 de abril de 1945 (Hitler se suicidó dieciocho días después, el 30), y lo sucedió su vicepresidente, el sureño Harry Truman.

Entretanto, la bomba fue embarcada en San Francisco a bordo del USS Indianápolis, un crucero pesado (186 metros de eslora) de la clase Portland. Viajó diez días por el Pacíficohasta la base de Tinián, Islas Marianas, a seis horas de vuelo de Japón, y la mayor de las bases norteamericanas durante la guerra contra el Imperio. La tragedia entraba en su último acto…

La bomba atómica ya cayó sobre Nagasaki. Es el 9 de agosto de 1945 (Getty Images)

La bomba atómica ya cayó sobre Nagasaki. Es el 9 de agosto de 1945 (Getty Images)

Pero la rendición, a pesar de los 67 bombardeos norteamericanos sobre casi todas las ciudades de la isla, no estaba en los planes del Imperio del Sol Naciente. Su dios viviente, Hirohito, vacilaba. Pero los ministros Suzuki y Korechika lo empujaron al desastre:

– La Marina se rindió, pero el Ejército tiene tres millones de soldados dispuestos a morir. Es fácil derrotar el espíritu de los soldados norteamericanos.

Argumento fatal. En todo el país empezaron a entrenarse kamikazes (hombres–bomba) para lanzarse contra los tanques norteamericanos en caso de una invasión que, por cierto, era barajada por Truman. Y hasta las alumnas adolescentes de los colegios fueron provistas de afiladas lanzas de bambú para lanzarse contra el enemigo.

En los altos mandos de Estados Unidos, una ecuación fue decisiva: invadir Japón costaría un millón de muertos norteamericanos y no menos de dos millones de bajas japonesas. Un costo demencial. Ergo: empezó a hablar la bomba atómica…

Pero antes de lanzarla, Truman le ofreció a Japón una chance de rendirse, prometiendo respetar la investidura de Hirohito para atenuar la palabra “incondicional”. Sin embargo, el ultimátum no fue contestado…

El emperador Hirohito decidió rendirse luego de que cayera la segunda bomba atómica sobre Japón

El emperador Hirohito decidió rendirse luego de que cayera la segunda bomba atómica sobre Japón

El lanzamiento de la bomba quedó a cargo del Grupo de Operaciones 509. Su jefe, el mayor Paul Tibbets (29), que había combatido contra los nazis, comandaría el Superfortaleza B-29que portaba a Little Boy, como fue bautizado el artefacto; su navegante sería el capitán Theodore Van Kirk, especialista en armas, y el encargado de los detonadores, William Parsons.
Tibbets llamó a su avión Enola Gay: el nombre de su madre.

Lugares posibles del lanzamiento: Kokura, Hiroshima y Nagasaki. Últimas instrucciones: “No hablen de esto con nadie, ni entre ustedes, ni en cartas, y no mencionen siquiera la palabra misión“.

Fecha: la mañana del 6 de agosto, ya que el pronóstico anunciaba que no habría nubes sobre Japón. Suena a sarcasmo: el cielo sería tapado por la más aterradora de las nubes…

Parsons debía destornillar un tapón, colocar los detonadores de pólvora que causarían el choque de los atómos, y atornillar el tapón. La operación debía hacerse en vuelo, porque despegar con los detonadores instalados podía provocar un desastre. El experto en armas jamás había hecho algo igual, pero dijo: “Tengo todo el día y toda la noche para ensayar”. Lo hizo, y terminó con las manos sangrando.

Los tres B-29 (el Enola Gay, el del equipo de grabación y el del equipo de fotografía) entraron sobre Japón a las 8 hora local. Para entonces, Parsons había puesto los detonadores y el teniente Morris Jeppson había reemplazado tres tapones verdes de seguridad por tres rojos que hacían funcionar el sistema eléctrico del lanzamiento. Un instante antes de las 8.15 hora local, el mayor Thomas Ferebee vio el exacto punto de lanzamiento en su visor. La bomba, de casi 5 mil kilos y 4,5 metros de diámetro, salió del avión y estalló sobre Hiroshima 45 segundos después.

Testimonio de Tibbets: “Primero vimos un fogonazo más brillante que el sol, y después una nube gigantesca en forma de hongo, roja, gris, y con extraños destellos violetas. Algo jamás imaginado“. Robert Lewis, su copiloto, gritó “¡Dios mío, qué hicimos!“. Pero más tarde corrió otra versión… Habría dicho “¡Miren cómo reventó esa hija de puta!“. Sin embargo, Wilson se internó un tiempo con monjes trapenses, acaso arrepentido… Tibbets,en cambio, se limitó a decir “No elegí esta misión. Me la ordenaron, y cumplí con mi trabajo“.

Abajo, Hiroshima escribió la aterradora página que Albert Einstein temía, y que le hizo decir: “Si hubiera imaginado que mis trabajos sobre el uranio como fuente de energía servirían para esto, preferiría ser un simple plomero“.

Una fotogafía tomada en enero de 1946 muestra cómo quedó Hiroshima tras la bomba atómica. En manuscrito puede leerse la firma de Paul W. Tibbets

Una fotogafía tomada en enero de 1946 muestra cómo quedó Hiroshima tras la bomba atómica. En manuscrito puede leerse la firma de Paul W. Tibbets

Murieron 160 mil almas. La mitad, casi en el mismo instante de la explosión, los demás, a lo largo de los días, meses, años. Por heridas, por quemaduras, por pérdida total de piel, y mucho después por diversas formas de cáncer: leucemia, sobre todo. También se registraron bebés nacidos con malformaciones. Los testimonios de sobrevivientes coinciden en que “un calor insoportable nos abrasó… la figura de algunos muertos quedó estampada en paredes y hierros… algunas personas fueron arrojadas contra las paredes y los techos de sus casas, como pelotas… la sed nos quemaba las gargantas, pero los médicos nos decían que no tomáramos, que era peor… hacia la noche, en una larga fila, como espectros, caminamos hacia el río, buscando el alivio del agua…”.
Casi la mitad de las casas de madera desapareció, pulverizada.

Pero Japón no se rindió.

Por eso, tres días después, el 9 de agosto, una segunda bomba (Fat Man) fue lanzada sobre Nagasaki. Muertos: 80 mil.

El 14 de agosto, el emperador Hirohito grabó su anuncio de rendición, previa promesa de los aliados de respetar el pricipio de Preservación del Trono. Dijo: “El enemigo empezó a usar una bomba nueva y sumamente cruel, con un poder de destrucción incalculable… Si continuáramos la lucha sólo conseguiríamos el arrasamiento y el colapso de la nación japonesa, y tal vez la total extinción de la civilización humana“.

El 2 de septiembre de 1945, a bordo del USS Missouri y ante el general Douglas McArthur, comandante supremo de las fuerzas aliadas, los mandatarios japoneses firmaron la rendición oficial.

La bomba acortó la guerra entre seis meses y un año.

Es incalculable cuántas vidas habría costado su continuación.

Japón jamás estuvo dispuesto a rendirse mientras la guerra mantuviera su forma convencional. Estados Unidos fue el principal motor de la reconstrucción del país.

En su nueva Constitución, Japón exigió no tener fuerzas armadas. Renunció para siempre a la guerra como medio de resolver conflictos.
Cerró las fábricas de material bélico. Juzgó y condenó a los protagonistas que impulsaron la guerra hasta más allá de toda lógica.

Hoy es la tercera potencia económica del mundo.

Sus autos, sus cámaras fotográficas, su tecnología cyber (robots, en especial) y sus marcas más famosas reinan en todo Occidente.

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Si avanzo sigueme si me paro empujame si retrocedo matame.

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