Huyeron de los nazis, combatieron a Hitler, se enamoraron y 68 años después ejecutaron un triste pacto

Colin y Alice Anson vivieron juntos desde 1949. Antes habían experimentado una historia en común entre nazis y persecuciones

Alice y Colin Anson, en los años 50. Concretarían un pacto suicida cuando estuvieran atravesando problemas de salud. Lo planificaron durante años (Familia Anson)

Alice y Colin Anson, en los años 50. Concretarían un pacto suicida cuando estuvieran atravesando problemas de salud. Lo planificaron durante años (Familia Anson)

Planificaron sus propias muertes durante años. No fue algo que ambos pensaran de un día para otro. Pero algo salió mal. Colin Anson, de 94 años, y su esposa Alice, de 91, concretaron un triste pacto suicida luego de haber convivido durante más de 70 años como un feliz matrimonio. ¿Su explicación? No querían convertirse en una pesada carga para sus hijos.

Hoy, un juez de Watford, Inglaterra, escuchó cómo fueron los momentos finales de los Anson. Minutos antes de ser trasladados de urgencia a un hospital donde finalmente morirían, la pareja había ingerido unas tabletas suministradas por la viuda de un médico amigo. Se suponía que esas drogas les provocarían una sobredosis que pondría fin a sus vidas. Pero no. Murieron de neumonía once días después en el hospital local.

En la vivienda donde los hallaron inconscientes había una nota que confirmaba el pacto suicida: “Hemos tenido una larga y feliz vida, ¿qué más se puede esperar?“. Esa larga vida se había iniciado en un café de Londres a finales de los años 40, cuando Colin tomaba el té con su madre. Fue allí que vio a quien durante más de 70 años sería su compañera de ruta.

Colin Anson con su uniforme militar inglés. Nació bajo el nombre de Claus Leopold Octavio Ashcher en Berlín (Familia Anson)

Colin Anson con su uniforme militar inglés. Nació bajo el nombre de Claus Leopold Octavio Ashcher en Berlín (Familia Anson)

Pero antes habían compartido una historia en común. Anson había nacido en Berlín en 1923. Sus padres lo habían bautizado bajo el nombre de Claus Leopold Octavio Ascher. Pero hacia mediados de los años 30 huyó a Gran Bretaña de la Alemania nazi que regía el destino de todos sus ciudadanos. Su padre fue un férreo opositor a Adolf Hitler y murió en el campo de concentración Dachau. Años después, empujado por su propio orgullo y sangre, se enroló como Comando de la Marina Real para combatir a los nazis.

Colin junto a su madre. Estaba con ella en un café de Londres cuando conoció a quien sería el amor de su vida (Familia Anson)

Colin junto a su madre. Estaba con ella en un café de Londres cuando conoció a quien sería el amor de su vida (Familia Anson)

Alice Gross tenía apenas 14 años cuando sus padres, también judíos, decidieron escapar de la masacre que se avecinaba. Había nacido en Viena, Austria, en 1925. Pero tras la ocupación, la vida allí se hizo insoportable para toda la familia. En 1938 decidieron abandonar el país.

Los años pasaron y la Segunda Guerra Mundial involucró a millones de británicos. Ya ciudadanos, tanto Anson como Alice formaron parte de la comunidad inglesa que ayudó con “sangre, sudor y lágrimas” a derrotar al enemigo.

En 1949 cruzaron sus miradas y se enamoraron de inmediato. Juntos compartieron largas tardes de charlas en las que uno le hablaba de su Berlín natal, mientras la otra esperaba relatarle lo que recordaba de Viena. Y junto cómo habían contribuido a la caída de Hitler. Él como un aguerrido comando que participó de batallas en Italia y Grecia, ella como voluntaria desde Londres.

La vivienda de los Anson en Watford, Inglaterra. Allí fueron encontrados al borde de la muerte y trasladados a un hospital donde murieron de neumonía (Familia Anson)

La vivienda de los Anson en Watford, Inglaterra. Allí fueron encontrados al borde de la muerte y trasladados a un hospital donde murieron de neumonía (Familia Anson)

Colin Anson, poco antes de morir (Familia Anson)

Colin Anson, poco antes de morir (Familia Anson)

Se enamoraron perdidamente y formaron una increíble familia. Familia a la cual no querían “molestar” en sus horas finales. En la nota también podía leerse que no querían “andar sufriendo alrededor y molestar a la familia” que tanto amaron.

Pero algo falló durante la concreción del pacto. Casi inconscientes, Alice consiguió fuerzas para llamar a una ambulancia. Al irrumpir en su vivienda, los paramédicos encontraron la puerta frontal cerrada pero sin traba. Atendieron a ambos pacientes y salieron de urgencia hacia el centro médico Watford General Hospital. Las píldoras, lejos de matarlos de forma instantánea como ellos esperaban, le generaron dificultades respiratorias que se transformaron en una severa neumonía. Ella moriría el 16 de junio. Su marido, el 27 de ese mismo mes.

El pacto había sido tan planificado que hasta habían reparado en un detalle póstumo: el pago de sus funerales. Ni en eso querían perturbar la paz de sus hijos y nietos.

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Si avanzo sigueme si me paro empujame si retrocedo matame.

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