En 1967, esta morocha ni soñaba con la fama que lograría muchos años después: ¿quién es?

Pasó ¡medio siglo! de aquella foto, publicada por la revista Gente en la crónica sobre una disco de moda en esa época: Mau Mau. Cigarrillo en una mano, whisky en la otra (una imagen impensada en estos días), ya deslumbraba…

Con el tiempo, mucho elementos de esta foto se han ido perdiendo u olvidando:

(Crédito: revista Gente)

(Crédito: revista Gente)

Por lo pronto el cigarrillo, cada vez más asfixiado en los ámbitos cerrados: a fines de los 60 nadie pensaba en un salón exclusivo para fumadores, aislados del resto. Su portadora también lo abandonó, y no sólo porque los ceniceros le traen malos recuerdos… El vaso de whisky ya no está de moda. En estos días una modelo nunca lo pediría. Tampoco quien lo porta en la foto blanco y negro: a ella le gusta más el vino, y hasta concurre a las reuniones sociales con una botella de su etiqueta preferida.

Las dos pistas ya permitirían adivinar la identidad de nuestra protagonista. Pero para los más distraídos, quienes tal vez se encuentren algo dormidos al leer esta crónica el domingo por la mañana (¡remolones…!), se aportarán más datos. Por ejemplo, ya no es morocha, pero eso ¡desde hace décadas! Es blonda. Y hasta se dice que obtiene su cabellera de dos mellizas albinas (un mito trillado si los hay, ¿o será cierto?).

Esa noche la -por entonces- morocha asombró a todos con un vestido de escote interminable: llegaba más allá de su ombligo

No se crea que -50 años después- ya no se atreve a vestidos tan sugestivos como el que luciera esa noche en Mau Mau. Con un escote que iba más allá de su ombligo encandiló a los hombres que esa noche concurrieron de esmoquin, como era habitual. Por caso, hablando de su atrevimiento, hace unas semanas la rubia mostró de más en un programa. Incluso es habitual que haga topless, aunque sea en la intimidad de su residencia.

En ese 1967 la fama no había tocado su puerta, al punto que en la nota de la revista Gente sobre una noche especial de la inolvidable boite Mau Mau (inaugurada tres años antes), tuvieron que presentarla. En el epígrafe de la foto, ahí donde se la observa tan distinta, el periodista escribió: “Ella se llama Susana Giménez”.

Y al fin eso también se perdió con el galopar de los años: su apellido. Porque desde hace rato alcanza con decir Susana -así, a secas- para saber de quién hablamos: de la diva máxima de la televisión argentina. La misma que medio siglo atrás -y en una noche de cigarrillo en una mano, whisky en la otra, ombligo al descubierto- ya deslumbraba.

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Si avanzo sigueme si me paro empujame si retrocedo matame.

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